Primero se valora, después se programa
Dos personas con el mismo diagnóstico pueden necesitar programas distintos. Lo que cambia no es el nombre de la lesión, sino cómo se mueve cada quien: qué rango de movimiento tiene, cómo responde la pierna a la carga, qué compensaciones aparecen al caminar y qué actividades dejó de hacer.
Por eso el punto de partida es una valoración funcional, no una plantilla. De ahí sale el programa, y ese programa se modifica conforme la rodilla responde.